Como consumidores tenemos mucho más poder del que pensamos. Tanto, que se podría decir que cada día votamos con las compras que hacemos como si se tratase de unas elecciones políticas. ¿De qué manera? La periodista especializada en consumo Brenda Chávez, autora del libro Tu consumo puede cambiar el mundo, explica que “con nuestro consumo podemos recompensar modelos productivos justos y responsables. Votar es algo que hacemos cada equis años, pero comprar es algo que hacemos todos los días. Diariamente damos nuestro dinero a una serie de empresas y ese dinero beneficia a veces modelos productivos que, si supiésemos qué tipo de conductas tienen, igual nos lo pensaríamos dos veces”.

Beneficios socioeconómicos del consumo local

La trazabilidad del producto es mucho más sencilla cuando se compra localmente que cuando dicho producto viene desde otro lugar del mundo. De esta manera es mucho más sencillo que tanto en su creación, cultivo, producción, tratamiento, transformación, almacenaje, envío, etc. se haya respetado los derechos de los trabajadores y se haya actuado de acuerdo a unos estándares laborales.

Consumir productos locales ayuda a la economía de la zona: un euro gastado en productos cercanos genera el doble para la economía local. Además, si los productores cercanos obtienen réditos de su trabajo continuarán generando riqueza y puestos de empleo en su comunidad.

El mercado también se ve beneficiado porque se crea hueco para competidores más pequeños, lo que deriva en una mayor oferta y una eventual bajada de precios y mayor accesibilidad para los usuarios y consumidores.

Aunque la responsabilidad de lograr un mundo más sostenible no recae únicamente en los consumidores, su papel y su posibilidad de favorecer modelos productivos justos y responsables puede suponer una gran diferencia a favor del desarrollo sostenible global.

FuentesEconomistas Sin FronterasSabe la tierraSoziablePriégola y Buulbox.